Gustavo Santaolalla es un artista que atraviesa generaciones, géneros y territorios, pero que, incluso después de ganar dos premios Óscar y producir algunos de los discos más importantes del continente, sigue mirando hacia el mismo lugar: la raíz.
En agosto, Santaolalla llegará a Colombia con su gira Ronroco, con fechas en Bogotá y Medellín. Y no se trata de un concierto más. Es, en palabras del propio músico, “un viaje completo por un universo” que durante años había aparecido fragmentado en su obra, pero que ahora encuentra un espacio propio.
“El concierto es algo muy distinto a lo que hice antes. Todo sucede en un mismo universo”, explica. Y ese universo es el del ronroco, un instrumento que lo define tanto como su forma de entender la música: intuitiva, abierta, sin reglas claras.
Lo interesante es que, detrás de esa propuesta sonora, hay una idea que atraviesa toda su carrera: la identidad. “Siempre está presente, aunque no se vea”, dice. Y es cierto. Está en sus bandas sonoras, incluyendo trabajos emblemáticos como The Last of Us, donde logró crear uno de los universos sonoros más reconocibles de la cultura pop reciente, en sus producciones y en su manera de tocar.
En un momento donde todo parece tender a lo inmediato y lo superficial, la propuesta de Santaolalla se mueve en otro tiempo. Más lenta, más profunda, más conectada con lo esencial.
Por eso, más que un concierto, lo que propone en esta gira es una experiencia. Una invitación a escuchar distinto. A volver al origen, no para quedarse ahí, sino para entender mejor todo lo que vino después.
Y en esa búsqueda, pocos artistas han sido tan coherentes como él. Entrevista completa en el pódcast de Sonidos y Silencios.

