El nombre de Miguel Bosé ha estado ligado durante años a transformaciones en la industria iberoamericana, a ciclos de exposición intensa y a periodos de retiro.
En 2025, su presentación en el Festival Cordillera en Bogotá fue una prueba de vigencia. El público que asistió a ese encuentro mostró interés por la memoria musical que construyeron generaciones. La respuesta a Bosé confirmó que, más allá de los debates que suelen rodearlo, su catálogo todavía convoca y despierta curiosidad intergeneracional.
Ese escenario dejó una pregunta abierta: cómo se traduce esa recepción colectiva en un show propio. La nueva gira en solitario presenta un repertorio que reúne distintas etapas de su carrera.
Hay énfasis en piezas que se instalaron en la cultura popular hispanoamericana y también en trabajos que pasaron por ciclos de menor difusión. El formato del concierto privilegia la lectura de la obra completa y no solo de los éxitos que suelen dominar este tipo de recorridos.
Este regreso no redefine el panorama musical latinoamericano, pero sí ofrece una lectura sobre la longevidad artística y sobre la relación que los músicos de larga trayectoria establecen con sus audiencias. Bosé sigue siendo un caso que invita a pensar cómo circulan las figuras culturales cuando la conversación pública se ha fragmentado en múltiples espacios.
Su próximo concierto en Bogotá se realizará el 11 de marzo en el Movistar Arena, un espacio que en los últimos años se ha convertido en un punto de encuentro entre distintas generaciones de artistas y públicos.
Columna para ADN Febrero 17 de 2026 – Sonidos y Silencios por @Memoospi

